
La tensión en Medio Oriente y la temporada alta anticipada elevan la presión sobre el transporte global
La propuesta de Estados Unidos de aplicar aranceles adicionales a más de 60 países, entre ellos Chile, ha encendido las alarmas en el comercio internacional. La medida, impulsada por la administración estadounidense bajo el argumento de reforzar la lucha contra el trabajo forzoso en las cadenas de suministro globales, podría afectar significativamente la competitividad de numerosos productos latinoamericanos en uno de los mercados más importantes del mundo.
Según la iniciativa, gran parte de los países de la región quedarían alcanzados por gravámenes que rondan el 10%. Sin embargo, Chile enfrentaría un arancel del 12,5%, una tasa superior a la prevista para la mayoría de las naciones incluidas en la propuesta. Las autoridades estadounidenses justifican esta diferencia a partir de una investigación que concluyó que el país no habría adoptado medidas suficientes para prevenir o impedir la comercialización de bienes producidos mediante trabajo forzoso.
El impacto potencial preocupa especialmente a sectores con una fuerte orientación exportadora. Entre los más expuestos se encuentran la industria frutícola, el sector vitivinícola y la salmonicultura, actividades que mantienen una importante presencia en el mercado estadounidense y que podrían ver reducida su competitividad debido al incremento de los costos de acceso.
Para América Latina en general, la medida supone un desafío adicional en un contexto internacional ya marcado por tensiones comerciales, cambios regulatorios y una creciente exigencia en materia de sostenibilidad y trazabilidad de las cadenas de suministro. Un aumento de los costos de ingreso al mercado estadounidense podría traducirse en una pérdida de participación frente a competidores locales o de otras regiones del mundo.
Uno de los aspectos más controvertidos del caso chileno es que la propuesta afecta a un país que mantiene vigente un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Dicho acuerdo contempla aranceles del 0% para la gran mayoría de los productos intercambiados entre ambas economías, por lo que la iniciativa ha generado cuestionamientos sobre su compatibilidad con los compromisos asumidos en el marco del tratado.
La persistente tensión en Medio Oriente continúa proyectando sus efectos sobre las cadenas logísticas internacionales. El reciente anuncio de Irán sobre el cierre del Estrecho de Ormuz al tránsito de embarcaciones comerciales volvió a generar preocupación en los mercados marítimos, al tratarse de una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo.
Especialistas del sector coinciden en que el principal impacto inmediato se refleja en el aumento de los costos del combustible, lo que presiona al alza las tarifas de flete marítimo. Según Freightos, los mayores precios del petróleo ya están trasladándose a los costos logísticos globales.
Temporada alta adelantada en el Transpacífico
A este contexto geopolítico se suma un fenómeno poco habitual: la temporada alta del Transpacífico comenzó antes de lo previsto. Analistas del sector atribuyen este comportamiento al adelantamiento de embarques por parte de importadores y dueños de carga que buscan anticiparse a futuras decisiones arancelarias en Estados Unidos y a nuevos incrementos de costos.
La Federación Nacional de Retail de Estados Unidos (NRF) estima que las importaciones marítimas crecerán un 5% en junio respecto de mayo, desplazando el pico de actividad tradicionalmente esperado para julio.
Fuertes aumentos en las tarifas marítimas
El fortalecimiento anticipado de la demanda ya se refleja en los principales índices de transporte marítimo de contenedores:
- Asia → Costa Oeste de EE.UU. (USWC): +51%
- Asia → Costa Este de EE.UU. (USEC): +25%
- Asia → Norte de Europa: +37%
- Asia → Mediterráneo: +24%
Estos incrementos superan los niveles observados durante la temporada alta del año pasado y reflejan una combinación de mayor demanda, capacidad ajustada y costos energéticos elevados.
Recargos por combustible y presión adicional
Otro factor que impulsa el adelantamiento de embarques es el próximo ajuste de los recargos por bunker (BAF). Freightos indicó que muchos contratos de largo plazo podrían enfrentar incrementos cercanos al 80% a partir de julio, cuando entren en vigor nuevas actualizaciones trimestrales.
El mercado de combustibles sigue mostrando valores elevados en comparación con los niveles previos al conflicto, lo que mantiene la presión sobre los costos operativos de las navieras.
Transporte aéreo y Canal de Panamá
En contraste, el transporte aéreo presenta una evolución más estable. Los recientes acontecimientos en Medio Oriente no provocaron cierres significativos del espacio aéreo, permitiendo que la recuperación regional continuara. Además, los embarques vinculados a inteligencia artificial y tecnología impulsaron un aumento interanual del 70% en las importaciones aéreas de productos tecnológicos durante el primer trimestre.
Por otra parte, el Canal de Panamá continúa operando con normalidad y no prevé restricciones hasta fines de 2026, aunque ya desarrolla escenarios preventivos ante posibles efectos climáticos futuros.
Un escenario que exige planificación
La combinación de tensión geopolítica, temporada alta adelantada y mayores costos de combustible configura un escenario desafiante para el comercio exterior. Las empresas importadoras y exportadoras deberán reforzar la planificación logística, anticipar embarques y monitorear de cerca la evolución de los mercados energéticos y marítimos.