La crisis argentina del 2002 fue dura. Pero en Navicon decidimos mirarla de frente y convertirla en impulso: era el momento de expandirse, de construir una red que fuera más allá de un solo mercado. Primero llegamos a Brasil, en 2001. Y luego vino Chile.
No fue una decisión apresurada. Llevábamos más de una década especializados en el tráfico Asia–Río de la Plata, y ese conocimiento acumulado nos permitió ver lo que otros aún no veían: Chile crecía con fuerza en su comercio con Asia, era un mercado abierto a la inversión extranjera, y había espacio para una propuesta como la nuestra. En julio de 2004, Navicon Chile abrió sus puertas —y con ella, Navicon pisó por primera vez el Pacífico. Nuevas rutas, nuevos armadores, nuevas posibilidades. Chile se convirtió en nuestra puerta al océano más grande del planeta y el corazón de una historia que empezaba a escribirse con identidad propia.