En 1982, Argentina vivía una transformación: el comercio internacional comenzaba a abrirse, las empresas querían importar y exportar, pero nadie sabía muy bien cómo hacerlo. No había cultura, no había referentes, no había quien las guiara.

Fue exactamente esa necesidad la que le dio vida a Navicon. No como una empresa de trámites, sino como un guía para empresarios que querían cruzar esas fronteras pero no sabían por dónde empezar. Y desde el primer momento, Navicon eligió un camino propio: en 1989 nos convertimos en pioneros en el tráfico entre Asia y el Río de la Plata —Argentina y Uruguay— cuando pocos en la región miraban hacia allá. Esa vocación de acompañar, de anticipar, de estar al lado del cliente, quedó grabada en nuestro ADN desde el primer día.